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"La Ilusión es aquello que permite hacer reír a tu corazón"

martes 6 de diciembre de 2011

Cuento EL LEÓN QUE QUERÍA SER PEQUEÑO para el Concurso de Cuentos de Cuidando del Alma Infantil

   Esta es la mágica historia de un león enorme enorme enorme, que quería ser pequeño pequeño pequeño.
  El león era salvaje y corría por el campo, por la selva, por la estepa. 
Subía montañas. 
Bajaba montañas. 
Corría y corría noche y día, desde el amanecer, hasta el anochecer. 
Tenía mucho mucho estrés.
Hasta que un día, se cansó de tanto correr; de ser valiente, de defender y proteger a todos los animales, de que al pasar todos le miraran y le respetaran...
Muy cansado llegó a una fuente preciosa y blanca, una fuente enorme que estaba debajo de un árbol gigante. 
El León bebió de la fuente y vio reflejada en el agua, a una personita diminuta. La personita le miraba profundamente a los ojos y le dijo muy muy despacio:
-No es necesario que corras tanto.
-¿Ah no?-respondió el león- y eso... ¿cómo es posible?
-Puedo hacer que seas pequeño y veas el mundo con otros ojos- dijo la personita diminuta levantando su ceja derecha.
¡EL león saltó de emoción con sus cuatro patas! Dijo que sí con su enorme cabeza y la personita pequeñita empezó a frotarle el pecho, como cuando tienes tos. 
El león, mágica y sorprendentemente, comenzó a hacerse más pequeño y más pequeño y más pequeño. La personita pequeñita tenía que frotarle el pecho con sus dedos meñiques porque el león cada vez era más y más pequeño, hasta que casi no se le podía ver. Era más pequeño que una hormiga, ¡más diminuto que un mosquito! !más pequeño que una pulga bebé!
El león fue feliz desde ese día; él sabía que los deseos siempre se cumplen si los pides desde el corazón, por eso no le sorprendió encontrarse a la personita pequeña, ni ser ahora, más diminuto que ella. 
Él quería ser pequeño para vivir sin que nadie le mirara. 
Desde ese día siempre sonreía. 
Desde ese día veía los detalles más y más pequeños de la vida: ayudaba a las hormigas a almacenar comida para el invierno. Se fijaba en las preciosas huellas que dejaban los animales en la tierra, ¡parecían pintadas por ellos!. 
Desde ese día escuchaba atento las hojas de los árboles y las acompañaba con la mirada cuando se caían lentamente danzando hasta al suelo.
Desde ese día ya no necesitaba correr y correr, sólo miraba y sonreía la vida, con alegría. 
Y colorín colorado, tú también puedes ser pequeño si te frotas con amor en el pecho. Si este cuento te gusta y lo quieres votar, a este enlace has de pinchar (una vez dentro del enlace dale a "Me gusta) CONCURSO CUENTOS INFANTILES CUIDANDO EL ALMA INFANTIL

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